Escrito por Nota externa
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14 Enero 2012
Regina Freyman
Resulta complicado para nuestra generación comprender que hemos habitado al margen de un paréntesis. Somos seres en transición hacia una nueva forma de civilización, cuyos instrumentos de mediación hacia el conocimiento, hacia la creación, hacia el uso y distribución de la información, están cambiando, y generarán sus propios lenguajes, sus propias nociones de propiedad y autoría, su propio “canon”. La tentación de creer que la cultura se pierde y regresamos a una etapa donde la escritura muere y reina la vieja oralidad es, desde mi óptica, simplista e inexacta. Paréntesis o no, discutamos por un momento sobre la escritura y la información, recorramos antes la sociedad del conocimiento y su monopolio con miras a encontrar pistas sobre su futuro.
Algunos investigadores llegan incluso a declarar agónica la cultura letrada. Lars Ole Sauerberg del Institute for Literature, Media and Cultural Studies de la University of Southern Denmark, se apoyó en lo que Mc-Luhan denominara “La galaxia Gutenberg”, para sugerir que la cultura letrada se divide en tres periodos: pre-parentético, parentético y postparentético. Otros especialistas aseguran que la palabra está más viva que nunca, como el filósofo italiano Maurizio Ferraris. Según Alejandro Piscitelli, filósofo argentino especialista en nuevos medios, en la actualidad, estaríamos a las puertas de una neooralidad, en la que el conocimiento ya no se encuentra monopolizado por el libro, sino que es accesible a través de Internet, las computadoras y la inteligencia en red. Una instancia que podría pensarse como “un tiro de gracia” para la cultura letrada. Por su parte, Herve Fischer, titular de la cátedra Daniel Langlois de tecnologías digitales y bellas artes de la Université Concordia, Montreal, no teme disentir: “Piscitelli dice que Google es la imprenta del siglo XXI y tiene razón. Es una continuación de Gutenberg, muy poderosa, pero no una ruptura. La principal virtud de lo digital es su acceso masivo, pero su debilidad es su fugacidad. Hoy estamos creando una cultura digital líquida, sin memoria”.
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