Humanidades
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22 Febrero 2012
MÁS ALLÁ DE LA GALAXIA GUTEMBERG

Pantallas y páginas se confunden. Los lectores se convierten cada vez más en asistentes a un espectáculo audiovisual. Vicente Luis Mora, autor del ensayo ‘El lectoespectador’, codifica en este texto las claves de una revolución imparable
Dos viajeras se mueven por separado dentro de una estación de trenes. La primera busca una conjunción de carteles indicativos grises y verdes, que encuentra rápidamente; en los paneles localiza una flecha dirigida hacia abajo y lee el mensaje adjunto. Como preveía, las palabras hacen referencia a los andenes de partida de los trenes. La segunda viajera, después de un largo viaje en tren, desea tomar un taxi. Persigue con los ojos un letrero que rece “salida” y a los pocos segundos divisa un grupo de paneles donde se halla el mensaje deseado. Junto a él, sorprendida, encuentra el dibujo de un taxi visto de frente. Ya completamente segura, se dirige a la dirección indicada por la flecha junto al taxi.
La diferencia entre estas dos viajeras reside en la habitualidad del tránsito. La primera es una viajera frecuente y conoce la señalética de memoria, mientras que la segunda necesita contrastar varias veces la información. Sin embargo, ambas están acostumbradas a desentrañar mensajes emitidos mezclando palabras e imágenes. Son viajeras distintas, pero ambas son lectoespectadoras. Las dos han distinguido a la perfección los paneles informativos entre los numerosos anuncios publicitarios que pueblan el inmenso hall del edificio de forma casi inconsciente, mediante un vistazo al conjunto textovisual (suma de imágenes y textos) de la estación. Sus cerebros han seleccionado automáticamente el grupo de letras y signos que componen la información institucional, descartando la publicidad (aunque ambas podrían después responder a la pregunta de si había o no tal cadena de comida rápida en el interior, pese a no haberse fijado en ella).
Que el cerebro privilegie una información necesaria (como hallar la salida) no significa que no haya procesado las demás. “Descartar” no significa “no ver” para un lectoespectador, sino sólo “procesar en otro momento”.




De acuerdo a un reporte de la Secretaría de Educación Pública (SEP) aseguró que durante el ciclo escolar cada 25 segundos, en promedio, un joven decide no seguir estudiando y abandona el bachillerato.
¿Cómo surge Mama´I? Pues resulta que también me he dedicado a la docencia y cuando entras en ese doble papel de mamá y maestra, te das cuenta de la importancia de éstos dos personajes en la vida de un niño porque una gran parte de su tiempo convive en la escuela con sus amiguitos y maestros que va conociendo en la etapa de preescolar y primaria y otra parte de su tiempo está en su casa con sus hermanos o hermanas y con su mamá principalmente, y entonces la unión de estas dos sílabas de éstas dos palabras que casualmente empiezan con “ma” forman el nombre del personaje que he creado para representar este mundo de imaginación de Imelda Campos y se complementa con la “I” de Ime quedando pues así, “Las Historias de Mama´I.” También quise darle a este personaje un lugar, un lugar donde los niños pudieran convivir con Mama´I, y diseñe “La casita de la lectura, esta casita formada con libros tiene varios significados: La puerta, que es un libro entreabierto significa una invitación a la lectura. El techo es otro libro, pero completamente abierto a la mitad, representa el cerebro, el cual trabaja para comprender nuestra lectura. Por último la chimenea es un pequeño libro con humito gris, que representa la imaginación que puede ser tan grande como nosotros queramos. En la ventana de la casa se asoma Mama´I, invitando a los niños a leer.
